Si bien harinas y dulces son alimentos que suelen ser del agrado de todos, muchas veces su consumo puede tornarse compulsivo
Una médica explicó a Infobae.com que "estados de ansiedad o nerviosismo que se calman al ingerir un chocolate son señales que deben tenerse en cuenta". Pues -como dijo Anaxágoras- "todo tiene que ver con todo" y este fenómeno no escapa a esa regla.
Lo que en medicina se conoce como compulsión a las harinas y los dulces está dada por una alteración de la bioquímica del sistema nervioso y luego, de todo el aparato hormonal. La doctora María Alejandra Rodríguez Zía explicó que las causas de la obesidad en el mundo son adquiridas en el 75% de los casos.
"El consumismo y la imposición de alimentos nocivos para la salud están al alcance de todos, por lo que podría decirse que la epidemia fue creada. La visión Biomolecular de este problema se focaliza en el estrés", detalló. Según la médica endocrinóloga, cuando una persona "necesita" harinas y dulces lo "come todos los días, o lo va a comprar aunque sea a las tres de la mañana".
Un simple análisis de orina da cuenta de la deficiencia de un neurotransmisor llamado serotonina, que modula el humor y la compulsión de esas sustancias. "En los dulces y chocolates se encuentra la 'materia prima' para que el cerebro produzca serotonina", dijo Rodríguez Zía, quien diferenció entre la sensación de ansiedad y nerviosismo interno anterior a comer estos alimentos, y la calma posterior a su ingesta.
La profesional explicó que "las terapias primero deben diagnosticar y, ante la presencia de serotonina baja, se le proporciona al paciente esa sustancia en forma de precursores para que las neuronas la incorporen y deje de estar en falta".
La disminución de precursores tiene dos razones. Rodríguez Zía detalló que una de ellas es el estrés: "La tensión nerviosa genera un círculo vicioso, en el que sube el cortisol u hormona del estrés, causando un efecto neurotóxico, que en el cerebro disminuye la serotonina".
LATAM: Reporte